Mientras Fesiluz se presenta como "apertura cultural", capitales chinos financian cuestionados proyectos que arrastran vulneraciones en Latinoamérica

Tal como un destello Fesiluz llama la atención de la población, pero se instala al borde de un río que el propio Estado chino busca intervenir aguas arriba con una central hidroeléctrica, y es respaldado por una iniciativa que pretende ser un «Puente Energético» basado en una lógica de colaboración que ha arrastrado importantes conflictos a escala nacional y latinoamericana.

Por Marcos Silva Mardones

«Viva la magia de la cultura China». Ese es parte del lema que levanta el Festival internacional de luces de China en Latinoamérica, conocido como Fesiluz, que se encuentra actualmente ubicado en la costanera de la comuna de Chiguayante, a orillas del río Biobío.

Por montos de hasta $12.000 el festival busca ser un espacio de «apertura cultural» que considera artesanías, shows, gastronomía y, su plato fuerte, decenas de obras de iluminación, señalando en su propia descripción que es «una de las tradiciones más importantes con la llegada del año nuevo lunar que se celebra cada año en China», e incluso «es considerado como patrimonio de China».

La iniciativa es encabezada por Misa Group, autodefinido como Puente Energético que «nace como una compañía destinada al desarrollo de productos y servicios que tienen por objetivo impulsar actividades e iniciativas innovadoras de valor estratégico para la industria» de la energía. Con justa razón, algunas de las empresas e instituciones que forman parte de Misa, acorde a su propio sitio web, son Biobío Energía, Maule Energía, Seminario Energía, Fundación Energía Comunitaria, Misiones Tecnológicas y Culturales a la República Popular China, mostrándose también como parte de espacios de encuentro del llamado «mercado energético».

Así, Fesiluz cuenta con un trasfondo relacionado al horizonte que China ha plasmado relacionado al ámbito de la energía en Chile. En el caso de Chiguayante, la temática se podría ampliar aún más considerando el convenio de colaboración firmado entre el alcalde y militante del Partido Socialista, Antonio Rivas, y el vice alcalde ejecutivo de Jingmen, Liang Zaonyan, mediante el cual se pretende «desarrollar los intercambios y la cooperación en los sectores de economía y comercio, agricultura, industria, construcción infraestructural, educación, humanidades, deporte, turismo y proyección medioambiental» entre ambas ciudades.

En esta línea, respecto al caso del Festival en este contexto de relaciones, la administración municipal chiguayantina ya ha indicado que «nuestra entidad edilicia se compromete a facilitar los procesos administrativos y de gestión pública para la correcta realización de este importante acto cultural a nivel internacional», lo cual logró vislumbrarse en diversos hitos, como la facilitación del terreno por parte de la Seremi de Bienes Nacionales a la Municipalidad de Chiguayante y esta, a su vez, a Misa Group.

Sin embargo, mientras Fesiluz se ha instalado como casi un polo de «apertura cultural» del país asiático, los capitales chinos se han establecido como parte del sustento económico y político de diferentes proyectos a escala latinoamericana que arrastran vulneraciones denunciadas por comunidades, entre las cuales se encuentra un proyecto en la misma región donde se encuentra Fesiluz: la Central Hidroeléctrica Rucalhue.

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En este contexto, un informe del Colectivo sobre Financiamiento e Inversiones Chinas, Derechos Humanos y Ambiente (CICDHA) identifica 26 proyectos financiados y respaldados por entidades chinas en nueve países de la región, entre los que se encuentra el caso de Rucalhue, localidad donde la empresa China International Water & Electric Corporation se ha desplegado para instalar la que sería la cuarta central hidroeléctrica en el río Biobío, el mismo ecosistema que forma parte del «escenario» donde se encuentra Fesiluz y sobre el que Misa Group integró en los beneficios directos del festival al retomar»la relevancia del río Biobío como ícono regional».

Asimismo, un reciente estudio publicado por Fundación Sol indica una fuerte presencia de capitales chinos en Chile, principalmente en los sectores de la Energía, Minería y Alimentación, dando cuenta del rol preponderante de iniciativas adquiridas y/o ingresadas por el Estado chino.

Con estos antecedentes, es difícil no poder cuestionarse el trasfondo político de este tipo de iniciativas. Y no es que se cuestione el interés de la población en asistir, por el contrario, sino más bien cómo es que una «apertura cultural» omite y no aborda las conflictividades que los propios capitales del país de origen han propiciado en la región.

Tal como un destello Fesiluz llama la atención de la población, pero se instala al borde de un río que el propio Estado chino pretende intervenir aguas arriba con una central hidroeléctrica, y es respaldado por una iniciativa que pretende ser un «Puente Energético» en basado en una lógica de colaboración que ha arrastrado importantes conflictos a escala nacional y latinoamericana.

Es ahí donde el «Crecemos con la energía que mueve al mundo», lema de Misa Group, y este ejemplo de patrimonio de China entra en contradicción al querer presentarse como una puerta cultural, pero donde, al mismo tiempo, las inversiones en América Latina por parte de empresas chinas se encuentran en la mira de las organizaciones sociales.

 

Fotografía principal: Fesiluzchina.com

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